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A ver si entendemos a Abel

Un seudonacionalista que promueve el odio racial

Por Bienvenido Scharboy

Cada vez que en el país alguna institución o un dirigente político quieren sacar de los medios de comunicación un tema que le afecta o que está poniendo en entredicho sus actuaciones, saltan a la palestra pública con una dosis de seudonacionalismo y reviven el fantasma del peligro de las tantas veces fabulada “invasión haitiana”.

Un ejemplo de lo que afirmamos es un dirigente político santiaguero y hoy aspirante a la candidatura presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que cada cierto tiempo se explaya con poses patrioteras, que promueven el odio racial.

Además, pregona en sus discursos y notas de prensa posiciones tremendistas contra la migración haitiana en el país, bajo el falso entendido de que estos planteamientos les generan capital político y lo catapultan como un defensor de la soberanía nacional.

Este farsante y simulador de poses, es el también alcalde de la ciudad de Santiago, el famoso e inexplicable millonario Abel Martínez.     

Pero las andanzas seudonacionalistas de Abel no son nuevas, ya ha protagonizado varios capítulos de esta comedia.

Para no abundar mucho, recordemos que el lunes 15 de enero de 2018, el conflictivo alcalde de Santiago, escribió un nuevo capítulo de su famosa farsa, cuando tenía el agua ardiendo, con varios frentes abiertos, incluido un enfrentamiento con la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (Coraasan), entre otras situaciones que cuestionaban su cacareada gestión municipal.

En ese tiempo, Abel se destapó con una nota de prensa en la que se retrataba como un político mentiroso, tergiversador de cifras, y portador de un iracundo odio racial.

Abel actúo de nuevo, como un mentiroso, porque apeló a cifras falsas y sin fundamentos científicos para justificar su odio hacia la migración haitiana. Como otros de su misma calaña, sin inmutarse, mandó a poner en su declaración: “somos partidarios de darles la bienvenida a todos los extranjeros legales que estén en el país, pero permitir que millones de ilegales haitianos estén en nuestro territorio es entregar nuestra soberanía y eso es inaceptable”.

Con gran desparpajo, Abel se atrevió a afirmar que en territorio dominicano viven millones de haitianos ilegales, estadísticas que solo están basadas en la vocinglería y en un discurso demagógico seudonacionalista, sin ser sustentadas en una investigación; pero si con un gran afán de presentarse como un adalid de la defensa de nuestra soberanía, claro, exclusivamente frente a Haití.

Si aplicamos una simple suma matemática, según los cálculos del alcalde de Santiago, en este lado de la isla habitan más de dos millones de haitianos que viven de manera irregular y si le sumamos los que están de forma regular, la suma podría alcanzar, de acuerdo a su tremendista declaración, los tres o cuatro millones, una cifra risible, ridícula y sin sustentación.

¿Cómo es posible que  un dirigente político del nivel que se le atribuye a Abel Martínez se atreviera a afirmar que en nuestro país viven millones de ilegales haitianos?

¿De qué investigación extrajo Abel, las indicadas cifras? ¿Cuál fue el fin de sobredimensionar estas estadísticas?

Con esas declaraciones, su propósito era limpiar su cuestionada imagen, en ese momento, y catapultar su “liderazgo” sobre la base de un seudonacionalismo, por lo que pensamos que Abel estaba y está fallando con su puntería.

Este no ha sido el único episodio protagonizado por Abel, en su antihaitianismo, recuerden fue el acto principal en una “peliculita” filmada en un parque de Santiago, donde “desalojó” a unos jovencitos haitianos que supuestamente jugaban barajas y en el cual posó como un verdadero actor.

Como alcalde Abel debe sustentar o mantener su “popularidad” sobre la base de una buena gestión municipal, de la cual han surgido serios cuestionamientos sobre irregularidades, abusos e inobservancias, que no pueden ser atribuidas a los y las migrantes haitianos/as.

De nuevo con su perorata

Abel Martínez vive monitoreando coyunturas que, a su juicio, les permitan ocupar espacios en los medios con el tema haitiano, y este lunes 3 de marzo no volvió a desaprovechar la oportunidad e irrumpe de nuevo con una tremendista declaración acusando al presidente Luis Abinader de ser “muy débil” con el tema de la famosa construcción de un canal para extraer aguas del río Masacre, desde el lado haitiano.

Aunque él sabe que la iniciativa del canal fue de un senador haitiano, sin el consentimiento ni apoyo del gobierno de Haití, este “bravucón” “defensor” de la soberanía demandó de las autoridades dominicanas una “respuesta contundente”, a lo que él llamó “provocación de Haití”.

El “bravucón” mediático, en su tremendismo planteóque “la postura de Haití debe ser respondida con mucho mayor energía y defensa a la soberanía por parte del gobierno dominicano”.

Es decir, para Abel Martínez las vías diplomáticas utilizadas por el gobierno dominicano para discutir la apertura de la zanja en territorio haitiano para conectarla con el Masacre, son flojas e insuficientes.

Entonces, ¿Se debe usar la fuerza militar? ¿Se debe atacar militarmente a Haití, por una iniciativa de un senador y que el gobierno vecino no se ha opuesto a buscarle solución?

¿Desconoce Abel que el gobierno haitiano no había autorizado esta obra?

Abel Martínez está consciente de todo lo antes citado, pero de nuevo se equivoca creyendo que continuar con su discurso seudonacionalista y tremendista le generará votos en su carrera por ganar la candidatura presidencial a lo interno del PLD.

Antes de continuar con estas falsas poses nacionalistas, el “bravucón” no puede continuar con sus intentos de “tapar el sol con un dedo” y debe responder con la misma “valentía y rabia” a los cuestionamientos sobre el origen de su riqueza, de cómo pasó de ser un simple empleado de la tienda La Sirena, a propietario de bienes calculados en más de 46 millones de pesos y se le atribuyen cientos de millones en propiedades no declaradas.

De igual manera, Abel nunca ha respondido con el mismo ímpetu sobre el manejo de los fondos de la Alcaldía de Santiago y la entrega de sus prestaciones laborales a cientos de exempleados cancelados en su administración.

También sigue haciendo mutis sobre la operación de un contrato otorgado por su gestión a una empresa de Neney Cabrera, en violación a la Ley de Compras y Contrataciones, por el cual el cabildo le adeuda unos mil millones de pesos.

Que deje el cuento de la invasión haitiana y de respuestas a estos cuestionamientos.

Lo que no comprendemos es por qué Abel no entiende que estas falsas poses seudonacionalistas no generan votos.

Ejemplos tiene Abel de más, solo hay que citar a sus exaliados de la Fuerza Nacional Progresista, a los que si ese discurso les hubiera generado capital político, Vincho Castillo y su hijo Pelegrín Castillo hubieran sido presidente de República Dominicana hace rato y, sin embargo, cada día son más reducidos.

No sabemos por qué Abel no entiende eso.

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