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Sartre: de vuelta con los intelectuales (Para repensar nuestra realidad dominicana)

Por Héctor Miolán

En abril de 1980 se apaga la luz física del intelectual más importante de Francia, considerado por muchos como el Voltaire del siglo xx. Jean Paul Sartre dejaba tras de si una estructura intelectual y política como pocos en la historia europea y mundial; trabajó a profundidad todo lo que tocaba, fue el rey Midas de la cultura contemporánea.

Tocaba la literatura en varios géneros:novela , teatro, cuentos, ironizó con la poesía, provocó en éste género literario mucho más que Platón. Sus obras literarias en prosas, como Qué es literatura? la trabajó en su obra autobiográfica Las palabras dónde se presenta de manera descarnada, al igual lo hizo en para qué sirve la literatura? Donde fue expuesto su pensar y debatido en un coloquio de los años sesenta. En éste le da prioridad al lector, por encima del autor, del llamado escritor.

Leer esta exposición casi sesenta años después nos hace pensar y repensar la crítica literaria de entonces donde predominaba el estructuralismo en todas las vertientes del quehacer cultural e intelectual en casi todo el mundo académico y extra académico.

Vista esa exposición en el presente, se puede afirmar, que el llamado postmodernismo filosófico y sus variantes literarias no han, tampoco podrían superar el concepto filosófico sartreano de los componentes de la literatura.

El pensar sartreano en cuanto al leer, al escribir, al lector deshuesa cualquier pretensión de superar la ironía, el compromiso. Concepto éste el cual muchos de manera mal intencionada, han mal interpretado de manera politizada, sin reparar que el primer compromiso que tiene el escritor, el intelectual, es con el buen manejo de la palabra, del lenguaje no ingenuo a la hora de comunicar sus ideas al gran público o a la élite burguesa o pequeña burguesa, la cual es la que tiene el privilegio de disfrutar del producto intelectual.

Sigo viendo al Sartre, que aunque defensor de una filosofía existencialista, no se quedó varado, en un existencialismo idealista, humanista, sentimental. Veo a un sartre, que fue capaz como ningún existencialista de su época o anterior a él, como el Heidegger nazi. Fue capaz de políticamente ser revolucionario y apoyar las causas de los oprimidos en todo el mundo, por ejemplo, la revolución anticolonialista de Argelia y así por el estilo.

En estos días, en nuestro país se ha vuelto a hablar de los intelectuales, concretamente, lo ha hecho el doctor Manuel Matos Moquete desde una posición humanista, casi conciliar. Pero sin llegar a la raíz de nuestros problemas graves y sin reversas.

Problemas sociales, económicos, políticos y de tipo jurídicos y policiales; ni decir en el ámbito de la cultura, dónde se manifiesta el silencio más aterrador de parte de los intelectuales dominicanos, quienes han abandonado el terreno, para dejárselo a los espectáculos de la llamada comunicación, manifiestos en el internet, la televisión y la radio; hay que reconocer que en nuestro mundo hay honrosas excepciones, pero que las mismas no llegan a ser ni mínimamente revolucionarias o comprometidas al estilo sartreano, sí de una tibieza producto del miedo, que ha impuesto históricamente el poder político-militar de los últimos sesenta años, producto de la tiranía trujillsta.

Hoy también ha desaparecido el intelectual contestario de tipo revolucionario, por no decir de tipo marxista; porque lo ha habido muy poco en la República Dominicana. Se hace necesario que ese intelectual de tipo ético-sartreano, revolucionario y marxista se construya bajo cualquier riesgo.

Existen muchos revolucionarios sueltos que pueden llenar ese vacío, que pueden interpretar dialécticamente la crisis actual y pasada para lograr la transformación de todas las estructuras del sistema capitalista dominicano, el cual ha demostrado ser inoperante e inhumano. Varios hechos políticos, policiales y políticos sucedidos recientemente así lo demuestran.

Por último reconozco, que los intelectuales revolucionarios y de tipo sartreano éticamente hablando, no serán la esperanza como tal, pero sí podrán arrojar mucha luz sobre la sociedad progresista y las masas trabajadoras y desposeídas.

Unida la ética política sartreano, con las ideas de intelectuales progresistas y revolucionarios de visión marxista, podremos comenzar a avanzar en propuestas y hechos para transformar la sociedad dominicana.

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