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Notas para una discusión sobre la unidad, con la Coordinadora Revolucionaria de San Francisco de Macorís

Ponencia de B. A. PEGUERO       

(Dirigente del Movimiento Popular Dominicano-M. P. D.-, marxista-leninista)

Foto de todos los panelistas del evento realizado en San Francisco de Macorís.

Introducción

La palabra UNIDAD ha sido quizás una de las más pronunciadas y evocadas a lo largo de la existencia de la humanidad, y en muchísimos idiomas y dialectos locales. Se dice que “la unidad hace la fuerza”; que la unidad salva a los pueblos; que “El pueblo unido jamás será vencido”…Todo eso es verdad. Son axiomas. Y todos queremos que nos llamen unitarios. Nadie quiere que lo cataloguen como sectario o anti-unitario, aunque en la práctica se porte o actúe realmente como el más sectario.

¡¡Cuántas consignas sobre la unidad hemos coreado los revolucionarios y los pobres de todo el Mundo!! Unas veces se ha logrado esa unidad. La mayoría de las veces no se ha podido alcanzar o se ha desvanecido rápido.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, los que han coincidido se han unido o han tratado de forjar la mancomunidad para la lucha por sus intereses comunes. Esto, obviamente, es mucho más necesario entre los más débiles de alguna manera. Hay que aliarse, sobre todo, frente a los más poderosos. “El peje grande se come al más chiquito”. Los pobres debemos unirnos contra los ricos, que además de su riqueza acumulada con el sudor de los trabajadores (sean esclavos, vasallos u obreros “libres”), tienen el poder político y militar. Los ricos, los poderosos, siempre han contado con el apoyo del poder temporal y del poder permanente.

Los más chiquitos se unen contra el más grande. Los que están desarmados se unen contra los armados. Los esclavos se unieron contra los esclavistas. Los vasallos se unieron contra los señores feudales. Los obreros se unen contra los patronos capitalistas. En el barrio, los muchachos pequeños se unen contra el grande abusador. Los pequeños productores se unen o deben unirse contra los grandes productores, contra los cuales no pueden competir individualmente. También es lógico que se unan contra los intermediarios entre productores y consumidores.

En la selva y en las estepas, los animales más débiles se unen contra los grandes y fuertes predadores. Unirse o perecer es la divisa.

Pero no solo nos unimos o tendemos a unirnos, y debemos unirnos, los más chiquitos. Encima de que son grandes, poderosos, y tienen el poder, los opresores se unen, se alían y se defienden. Y lo peor para nosotros es que han sabido hacerlo mejor que nosotros. Veamos los repetidos ejemplos de lo que pasa entre los partidos del sistema. Y cada día aprenden más a manejar las contradicciones secundarias para evitar por todos los medios de que pasen a ser contradicciones primarias, como sucedió en 1965, cuando las contradicciones entre los sectores de poder político y militar se pusieron “al rojo vivo” y estalló la Revolución Constitucionalista, luego devenida en Guerra Patria, sobre todo por la intervención del pueblo, por parte de quienes no tenían nada o muy poco que perder.

¿Cuáles condiciones, cuáles hechos determinan la necesidad de la unidad?

Como llevamos dicho, nos unimos frente a los más fuertes, social, política y militarmente. Nos unimos para equipararnos en poder o en cantidad. Nos unimos también contra la adversidad de cualquier tipo. Los comunitarios se unen para construir una acequia o un canal de riego, que cada uno de manera individual no puede construirlo.  Se unen las comunidades para lograr sus reivindicaciones sociales, políticas o económicas. Se unen comunidades religiosas para construir sus iglesias entre todos sus habitantes. Se unen para levantar un muro para impedir que un río siga desbordándose y afectándolos a todos en alguna medida. Es decir, la unidad se produce hasta contra las inclemencias de la naturaleza. Nos unimos por la solidaridad en general.

¿Cuál es o debe ser la base de la unidad?

Por lo que hemos dicho en párrafos anteriores, queda claro por qué es necesaria la unidad. Pero también ha de quedar claro que debe existir una comunidad, una identidad de ideas y de propósitos. Si no existe esa coincidencia de intereses que debemos defender conjuntamente, si no existen ideas comunes y propósitos u objetivos comunes, no habrá unidad verdadera. La unidad no puede darse sobre bases que no estén soldadas, realmente. La unidad no podrá jamás cimentarse sobre añoranzas, buenas intenciones o simplemente para presentarnos con discursos unitarios. De tal manera, que debe existir una base programática cimentada en ideas y propósitos claros para que pueda haber una unidad verdadera y duradera o de cierto alcance, que permita lograr los objetivos o las metas en una etapa determinada.

Etapas o duración de la unidad

La unidad puede ser por un objetivo o meta corta, o bien mediano o largo plazos. Todo depende de lo que se quiera alcanzar forjando la unidad. En el plano político, si la unidad sólo tiene como objetivo desplazar un Gobierno, un funcionario, entonces la unidad habrá de cesar cuando se alcance ese objetivo. Igual sucedería si unimos esfuerzos solidarios en favor de un pueblo, de una comunidad, contra un pulpo que explota nuestros recursos naturales, etcétera. Aunque las comunidades, los sectores explotados, los desposeídos, debemos hacer esfuerzos por forjar la unidad permanente, sabemos que hay luchas que nos unen hasta determinado punto, por ejemplo.

Si los esfuerzos conjuntos sólo tienen finalidad solidaria para construir un acueducto, y se alcanzó la meta, entonces los esfuerzos conjuntos tienden a cesar, a debilitarse, y cada uno volverá a la normalidad individual. Esto se podría llamar “unidad de acción”. Incluso, hay luchas largas y por tramos, en los cuales no todos habremos de coincidir, y entonces caminaremos juntos hasta donde nos unan los intereses.

Por eso, la unidad, en términos reales, puede ser de corto, mediano o largo alcance. Si nos proponemos una meta de llegar desde Santo Domingo a Montecristi, y hay aliados interesados en llegar sólo hasta La Vega, hasta ahí caminamos juntos, aunque por solidaridad deberíamos caminar todos hasta Montecristi. Es decir, alcanzar la meta de todos; pero sabemos que no siempre actuamos tan solidariamente. Lo mismo haremos con los que sólo quieren llegar a Santiago. Trinitarios liberales y conservadores caminaron juntos hasta lograr el retiro de los haitianos del territorio dominicano. Pero tenían objetivos estratégicos que los separaban. Y ya sabemos lo que vino después de la separación o “independencia”, donde incluso Santana y otros conservadores se convirtieron en parricidas. Nos parece un buen ejemplo en una y otra dirección para que podamos cimentar la unidad en cada caso, pudiendo identificar bien los aliados de corto, mediano y largo alcance.

La unidad en República Dominicana

En República Dominicana la unidad o los procesos unitarios tienen una historia que en mayor o menor grado no difiere mucho de lo que ha pasado en el Mundo. Muchas veces oímos decir y repetir que los dominicanos y dominicanas somos sectarios, que no nos gusta la unidad, que por eso no hemos podido triunfar, etcétera. No es un fenómeno exclusivo de República Dominicana, del Caribe o de Latinoamérica. Es un fenómeno mundial. Y las causas son diversas: poca fe en que podemos derribar a Goliat, el miedo que nos infunden los grandes, los poderosos, que sin el patrón los esclavos se iban a morir de hambre (por eso muchos libertos no quisieron abandonar al esclavista o se quedaron cerca de sus propiedades), que somos un pueblo inferior y que no tenemos capacidad para auto-liberarnos, como ocurría en la época de la lucha por la separación de Haití, y como ocurrió en la época de Trujillo con Américo Lugo y José Ramón López, y hasta con el propio restaurador Pedro Francisco Bonó, por ejemplo.

Un obstáculo para forjar la unidad es, también, cierta tendencia de algunos a mantener la condición de domesticado y de “lambonería” frente a los poderosos, así como los vicios de dejarse comprar, sobornar y vivir tranquilo comiendo de “las boronas que deja caer la cotorra”. En términos de la lucha política y militar, en algunos influye el temor a la muerte, y por eso no se unen a ningún proyecto emancipador que implique arriesgar la vida; prefieren vivir “en paz”, de rodillas, en vez de morir gloriosamente. Para quienes así piensan jamás será “Dulce y decoroso morir por la Patria”.

En nuestro país, no obstante, haber muchos ejemplos de sectarismo y de dispersión, tanto en la lucha política, como comunitaria y solidaria, también hay muchos ejemplos a imitar. Ahí está la lucha por la separación de Haití. Ahí está uno de los más grandes ejemplos de unidad de nuestro pueblo, respecto a la Guerra Restauradora, nuestra verdadera independencia. Y algo parecido se re repite con la Guerra Patria de 1965, así como en otros episodios.

En el caso de la unidad solidaria de las comunidades también hay muy buenos ejemplos de cómo se juntaban, y aún se juntan, para resolver problemas de intereses comunes. Nuestros antepasados construían sus caminos vecinales, sus “rigoletas”, sus casas; de cómo hacían, y hacen “juntas” o “convites” para sembrar o cosechar sus productos, etcétera.

Hablando de ejemplos de unidad política para la lucha y avanzar hacia etapas superiores, si bien también encontramos sectarismos entre las organizaciones revolucionarias, socialistas y comunistas madres, también hay ejemplos importantes de unidad, aunque sea de acción. La lucha contra los remanentes de la satrapía trujillista está ahí. En esa etapa, el Movimiento Popular Dominicano (M.P.D.) planteó la unidad a través del Frente Único de Liberación Nacional (FULN), unidad que no llegó a realizarse, porque los demás partidos, troncos de la izquierda, y los “democráticos” propugnaban por la participación electoral, mientras nosotros planteábamos “Revolución ahora, elecciones después”. Un ejemplo de cómo debe haber una verdadera comunidad de ideas y de propósitos para forjar la unidad en cada caso.

En los frentes democráticos, hay muchos ejemplos también. En el movimiento sindical, FOUPSA y FOPSA-CESITRADO es uno de ellos. En el campo estudiantil, la “Unidad de acero Fragua y Flavio Suero” es otro ejemplo:

En las últimas décadas se han producido procesos unitarios interesantes: Frente de Izquierda Dominicana (FID), Izquierda Unida, Unión Caamañista Revolucionaria (UCR), Izquierda revolucionaria (IR) y otros. Esos procesos unitarios han tenido diferentes finalidades: participación electoral, y otros con objetivos de más largo alcance.

La unidad hoy. Sobre qué base. Cuáles características

El Movimiento Popular Dominicano (M.P.D.), acusado muchas veces de sectario, siempre ha tratado de trabajar la unidad de las fuerzas revolucionarias, y lo ha hecho, incluso desprendiéndose de ciertas visiones y de pequeños intereses que pueden ser particulares, para darles paso a grandes intereses que nos envuelvan a todos, y sobre todo que envuelvan al pueblo, que es nuestro objetivo de luchar.

El M. P. D. ha planteado la necesidad de conformar fuertes instrumentos unitarios a dos niveles:

1.- Un frente revolucionario, socialista, marxista- leninista, con tácticas y estrategias correspondientes a ese nivel.  Una unidad de marxista-leninistas con propósitos y estrategias de largo aliento.

2.-Un Frente Amplio Revolucionario que pueda aglutinar a organizaciones socialistas y comunistas, pero también a grupos revolucionarios, democráticos y progresistas, incluyendo organizaciones de la mediana y la pequeña producción, el comercio, gremios sindicales y profesionales, etcétera.

Nuestra organización entiende que debemos forjar instrumentos capaces de enfrentar a la burguesía en el terreno que sea. Es decir, en las elecciones, en las movilizaciones, en la lucha armada, en las circunstancias y escenarios que sea necesario.

En términos electorales, nos falta precisar y ampliar discusiones. Pero en lo que tenemos posiciones concluyentes es en que una participación electoral en la que nos envolvamos tiene que ser a través de la izquierda revolucionaria. No creemos en alianzas electorales junto a la derecha. No creemos en la teoría del desplazamiento del “menos malo” mediante elecciones. La derecha tiene su estrategia, y los revolucionarios tenemos o debemos tener la nuestra bien clara.

Estamos en disposición, en ese sentido, de forjar la unidad con las fuerzas revolucionarias, tanto en esfuerzos colectivos nacionales, como locales. Pero siempre de forma independiente de los partidos del sistema. Propugnamos por que “nos cuenten los votos” que realmente nos correspondan. No creemos que la izquierda debe depender de dádivas del sistema; porque eso es lo que provoca que esos grupos aliados a la derecha estén cada día más domesticados, y que hayan sustituido totalmente su estrategia, si en verdad alguna vez tuvieron una estrategia socialista.

En términos preliminares, sabiendo que faltan muchos detalles por afinar, y que debemos, todos, “fondear” mucho, esa es la posición que tenemos por el momento.

Muchas gracias.

B. A. Peguero.

San Francisco de Macorís, provincia Duarte, República Dominicana,

28 de febrero del 2021.

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