Saltar al contenido.

Miopía de las autoridades de Salud Pública de las implicaciones culturales del COVID-19

Por Sergio Terrero Bello

Si asumimos como bueno y valido que los determinantes sociales de la salud (DSS) son: “las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana”. Esta definición nos ayudaría aproximarnos a entender la dimensión social y cultural que tiene la salud y la enfermedad.

La cultura determina la distribución socio – epidemiológica de las enfermedades por dos vías:

  1. Desde un punto de vista local, la cultura moldea el comportamiento de las personas, que predisponen a la población a determinadas enfermedades.
  2. Desde un punto de vista global, las fuerzas político – económicas y las prácticas culturales hacen que las personas actúen con el medioambiente de maneras que pueden afectar a la salud.

Los conceptos de la salud, la enfermedad y la muerte, desde la perspectiva antropológica, tienen diferentes significados de acuerdo a la cultura de los grupos que la crean y la desarrollan. De ahí la importancia que se tiene, la de poder tener claro estos conceptos a la hora de desarrollar estrategias viables que nos lleven a enfrentar la crisis del COVID-19 y a mitigar así el impacto que está teniendo en todos los aspectos de la vida de la sociedad dominicana hoy en día.

Al interior de nuestra sociedad, algunos grupos sociales reivindican los comportamientos de respeto a las normas que le permiten afrontar la pandemia con mejores resultados por razones varias. Por el contrario, otros segmentos de la misma sociedad, su percepción de riesgo y su comportamiento grupal compromete seriamente la salud pública de su entorno, asumiendo conductas de alto riesgo en su interacción social. Esto nos lleva a entender que la pandemia ha demostrado que, a largo plazo, la ventaja para los grupos sociales podría depender también de las reacciones culturales, de la capacidad de valoración de situaciones nuevas y de adaptación a circunstancias extremas y drásticas.

La cultura determina ciertos estilos de comportamiento comunes a todos los individuos que viven en ella, el estado debe hacer uso de antropólogos y demás científicos sociales que tratan la conducta humana, para desarrollar estrategias de intervención que estén acorde con la realidad social dominicana en la prevención de la pandemia.

Existe un elemento a favor en el Ministerio Salud Pública, y es que cuenta en su organigrama, con las llamadas Unidades de Atención Primaria de Salud, (UNAP) que en teoría deben funcionar a nivel territorial con el personal de salud correspondiente, en un sector específico, para la atención a un número determinadas de familias, contando a su vez con un equipo de promotores de la salud asignado a cada territorio.

Estas estructuras urgen revitalizarla y conectarla con los gobiernos locales y las organizaciones de la sociedad civil a través de la construcción de una agenda consensuada con actores locales y desarrollar con ellos desde su propia realidad, campañas de prevención y atención a la salud, enfocada al cuidado y la prevención del COVID-19.

Es evidente que los entornos culturales son particularmente sensibles a los desafíos que implican sus efectos sociales. No solo el confinamiento en sí mismo sino, también, las fases posteriores, con las imprescindibles medidas de comportamiento social que seguirán siendo necesarias para contener su impacto. Especialmente, la cuestión del distanciamiento con las familias y el entorno social plantea en nuestra cultura un gran desafío especialmente en fechas navideñas o festividades religiosas como motivadores de encuentros sociales.

Un ejemplo lo fue los centenares de personas que se aglomeraron para acompañar al peregrino Mildomio Adames en el Malecón de Puerto Plata, incumpliendo las medidas de distanciamiento social impuesta por el gobierno central en pleno auge de la pandemia.

Peregrinación multitudinaria en Puerto Plata profetizando “el fin del coronavirus”.

Reconocer en todo esto, que dentro del espectro del sistema de lo que llamamos cultura nacional, está compuesta y definida por otros subsistemas culturales en la que unos tienden a valorar lo colectivo por encima de lo particular y esto podría ayudar a responder más eficazmente a la pandemia que aquellos subsistemas donde predomina el bienestar individual sobre el colectivo.

La pregunta del millón en una realidad tan compleja y una sociedad tan frágil en términos institucionales, vendría ser ¿Qué hacer frente a esta realidad? Esto se complica, según mi entender, por la falta de voluntad política y comprensión de las autoridades del papel que juega la cultura en la problemática de la salud, enfocándose en medidas puramente coercitivas inspiradas en un marco del modelo Biomédico como única solución mágica y cuasi religiosa a la solución de dicho problema.

Todas las personas tienden a verse como parte de un grupo, este es un elemento a favor para la elaboración de una estrategia en la que los individuos estén dispuestos a sacrificar sus beneficios individuales y personales en aras del bienestar colectivo. Ahí, la colaboración de los grupos es de suma importancia para alcanzar determinadas metas y objetivos.

Esto plantea una situación, que Oscar Lewis nos puede ayudar a entender mejor esta problemática, Para Lewis la pobreza “viene a ser el factor dinámico que afecta la participación en la esfera de la cultura nacional creando una subcultura por sí misma” (Lewis, 1989: 17).

¿Cómo incluir a estos grupos excluidos socialmente?

La vida de ellos se desenvuelve en el aquí y el ahora, en su imaginario no existe el mañana, solo existe el hoy y el ahora, hay que tomar esto en cuenta para poder involucrar a este segmento de la población en una estrategia que dé respuesta a las necesidades sociales para contar con ellos como aliados. Con el agravante que, sin contar con este segmento de la población, la estrategia no puede funcionar porque son el segmento mayoritario en la pirámide de la estructura social.

Debemos y tenemos como sociedad, hacer que el Estado dominicano logre la integración de todos los sectores sociales económicos y culturales en una estrategia en la que se reconozca que el problema es de todo y que solo con todos es la única forma de vencer esta realidad que nos afecta como sociedad.

Esto no es un problema solamente Biomédico, es más que eso, es un problema sociocultural, en el que se debe tomar en cuenta nuestros valores, principios y costumbres para poder salir a flote de este gran reto que nos plantea como sociedad el COVID-19.

*El autor es antropólogo y profesor de la UASD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: