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Con la derrota de Trump perdieron las iglesias y ganó la espiritualidad y el cristianismo en América Latina

Por Sergio Terrero

La religión es el opio del pueblo (traducción de la frase original en alemán Die Religión (Sie ist das Opium des Volkes) es una cita hecha en 1844 por Karl Marx. Entiéndase como religión (Conjunto de creencias religiosas, de normas de comportamiento y de ceremonias de oración o sacrificio que son propias de un determinado grupo humano y con las que el hombre reconoce una relación con la divinidad (un dios o varios dioses).

Las religiones en esencia se pueden considerar como un sistema de creencias imprescindibles en cualquier cultura, que forman parte de lo que en antropología se les conoce como universales culturales (Los universales culturales son los elementos de la cultura, la sociedad, el lenguaje, el comportamiento y la mente, que según los estudios antropológicos realizados hasta ahora, compartimos prácticamente todas las sociedades humanas). Es por tal razón que no existe una sociedad que no tenga religión, esta se comporta como un elemento fundamental en la vida de los individuos que la comparten, es parte sine qua non de la misma existencia humana.

Desde que surgieron las clases sociales, la religión fue institucionalizada y la convirtieron en instrumentos de control social a favor de los grupos de poder de turno de cada sociedad.

Si bien la religión es un elemento necesario e imprescindible en la existencia humana y en cada sociedad, porque de ella es que emanan los principios y todos los elementos éticos y valores que le dan sentido a la misma existencia como sociedad humana desde su origen , pero  que con el surgimiento de las clases sociales en el proceso evolutivo, ésta  ha sido usada como un instrumento de control social a favor de las clases dominantes, de ahí que Karl Marx usa la expresión revolucionaria para su época, pero reduccionista para nuestros tiempos, de que la religión es el opio del pueblo.

Se hace innegable que en la historia de la humanidad, la religión siempre ha jugado en todo el ámbito de la vida social, entiéndase salud, producción, consumo y distribución de los bienes producidos colectivamente, un papel fundamental para satisfacer las necesidades tanto individuales como colectivas de sus miembros, esa ha sido en su esencia su naturaleza como parte integral de lo que los antropólogos llamamos  cultura, a ese sistema que forma un cuerpo de creencia que conecta al ser humano con lo sublime y trasciende su propia miseria.

Más bien me atrevo a decir, que no existe ningún ser o sociedad humana que sean ortodoxamente ateo, porque la mente humana no está diseñada para lidiar con la realidad sin que esta contenga una dosis de mitos y fantasías.

Pues bien, las instituciones religiosas históricamente han estado vinculadas con los poderes de turno, formando parte de los poderes fácticos, de ahí el gran papel que juegan las iglesias a la hora de movilizar a las masas a favor de un lado u otro de los grupos de poderes que controlan los grandes medios de comunicación que representan las grandes corporaciones, que son las que gobiernan a los gobiernos de todos los estados capitalistas.

Trump fue la carta a jugar de estos grupos religiosos que contaban con mucho poder, como el mesías salvador que iba a salvar a sus iglesias del poder infernal que representaba el ala menos conservadora de la sociedad norteamericana. Con la derrota del Partido Republicano, estos grupos religiosamente fanáticos, han recibido una dosis de realidad que tendrán para poder sobrevivir que reinventarse para seguir sobreviviendo. O se adaptan o desaparecen, haciendo uso del lenguaje Darwiniano.

Estos movimientos están tomando un peligroso y vertiginoso crecimiento en nuestra América Latina e incidiendo de forma decisiva en las tomas de decisiones políticas de los pueblos latinoamericanos para elegir gobernantes, eso lo pudimos ver en el Brasil de Bolsonaro, en Bolivia de Añez, y así en menor grado Guatemala y otros países del hemisferio sur.

De ahí que, con la derrota del Partido Republicano en las elecciones de los Estados Unidos, al perder Trump, (su mesías salvador), estos grupos latinoamericanos pierden fuerza y con ellos sus instituciones pierden capacidad de maniobra para influir en las grandes masas que forman los amplios cinturones de miseria de nuestros países.

Estos gobiernos y sus instituciones religiosas que representan, pierden poder, pero los pueblos recobran su espiritualidad y cristiandad como elemento de su propia identidad.

El autor es antropólogo y profesor universitario

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