Saltar al contenido.

Acerca del Estudio “Ser Justos es lo Primero…”, de la Fundación Juan Bosch

Dr. Manuel Linares,
Secretario General del Partido de la Revolución Popular (PRP)

Introducción

La Fundación Juan Bosch, dominicana, y la Fundación Sol, chilena, han puesto en manos del pueblo dominicano un estudio de gran trascendencia; nos referimos a “SER JUSTOS ES LO PRIMERO…”, el cual tiene un soporte estadístico sorprendente que lleva por título “ANÁLISIS DE DATOS REPÚBLICA DOMINICANA”.

Doctor Manuel Linares, secretario general del PRP.

Doctor Manuel Linares, secretario general del PRP.

El Partido de la Revolución Popular (PRP) estudió el referido documento y, en estas líneas, pretende emitir algunas opiniones.

Nuestras felicitaciones

El PRP felicita muy sinceramente a las citadas fundaciones, por la realización de un estudio tan brillante como el que nos ocupa.

Cuando leemos el subtítulo del documento en cuestión, “La crisis de los trabajadores dominicanos bajo el actual modelo económico y los desafíos de una reforma al código de trabajo para más justicia y prosperidad”, de inmediato nos damos cuenta de la osadía que entraña, en un contexto académico e intelectual dominado totalmente por los informes económicos del Banco Central y de otras instituciones oficiales, destinados a confundir a la clase obrera y favorecer al capitalismo oprobioso, publicar el estudio en cuestión.

Son dignos de encomios los dos primeros capítulos del documento, que tienen por objeto desmontar el modelo económico neoliberal prevaleciente en la República Dominicana; y el capítulo tercero que hace añicos la pretensión patronal de modificar el código de trabajo, con el fin de dejar todavía más desprotegido al trabajador dominicano.

De todos modos, distinguidas fundaciones, con vuestro permiso, el PRP desea precisar algunas consideraciones desde el punto de vista de la doctrina que nos guía, el marxismo-leninismo.

La crítica al neoliberalismo

Nuestra organización comparte el aluvión de críticas dirigidas contra el modelo neoliberal, no solamente en la República Dominicana, sino a escala mundial, tan bien caracterizado en el estudio “SER JUSTOS ES LO PRIMERO…”

Sin embargo llama a preocupación que ese aluvión habitualmente parte de un cuestionamiento del modelo neoliberal en sí mismo, haciéndose imperceptible el nexo de éste con el capitalismo propiamente dicho.
E
s una crítica que presenta al neoliberalismo como un monstruo, como en efecto lo es, sin hacer la crítica del régimen capitalista de producción que le sirve de sustento. Y este es un error grave, debido a que podría sentar las bases para un retorno de modelos económicos burgueses, como el keynesiano (éste se distingue, en el tratamiento de los problemas económicos, por darle una importancia decisiva a la demanda efectiva), que en esencia persiguen fines similares al modelo neoliberal. No debemos olvidar que su parentesco se lo asigna el mismo régimen capitalista de producción.

Antes del decenio de los años ochenta, del pasado siglo XX, en la República Dominicana no predominaba el modelo económico neoliberal, lo que no implicó en modo alguno que los obreros se libraran de la explotación capitalista.

Precisamente en el período trujillista 1936-1961 la burguesía industrial succionó, por concepto de plusvalía, una verdadera fortuna a los obreros, a pesar de que en ese momento el comercio exterior dominicano gozaba de un evidente superávit y la agricultura y la industria desempeñaban un rol estelar en la conformación del PIB.

Tal modelo, supuestamente “productivo”, no libró a la clase obrera de la miseria que le depara el capitalismo.

En el segundo lustro del decenio de los sesenta, del siglo XX, el modelo económico keynesiano que rigió en el mundo capitalista a partir de la conclusión de la segunda guerra mundial, año 1945, comienza a dar signos de agotamiento y resquebrajamiento. En la República Dominicana, ya sin Trujillo, la política de balanza de pagos, próxima al mercantilismo, empieza a ceder, pero en lo fundamental los rasgos básicos del keynesianismo se mantienen particularmente en el período 1966-1978 del gobierno dictatorial de Joaquín Balaguer. No obstante, la explotación obrera, por el capital, lejos de atenuarse se intensificó y la burguesía le succionó una mayor fortuna, en comparación a la extraída en la época trujillista, a los obreros. Nos preguntamos, ¿cuál es mejor, el modelo neoliberal o el keynesiano? Respondemos: los dos son peores.

El fracaso es del capitalismo

Más de 100 años de capitalismo, en la República Dominicana, independientemente del modelo económico instituido, no han bastado para que este régimen lleve el pueblo dominicano a una situación de bienestar.

Los años pasan y sólo quedan las frustraciones, promesas incumplidas, mayores brotes de corrupción y clientelismo y más humillación sobre la clase obrera y el campesinado.

Ha habido una imposibilidad de solución de las contradicciones estructurales que aquejan al capitalismo dominicano; parece confirmarse la tesis marxista de la transitoriedad del modo capitalista de producción, desde la perspectiva histórica de la aparición y sucesión de las formaciones económico-sociales. Se ha aplicado una política económico-social completamente inútil para conducir el país dominicano, ni siquiera, a un nivel de desarrollo propio del capitalismo avanzado, condenando a vastos sectores de la población a vivir en condiciones de precariedad y miseria.

El régimen capitalista de producción vino al mundo con un conjunto de contradicciones fundamentales, que determina su surgimiento y desarrollo. Estas contradicciones no las puede eludir, son estructurales. En el caso de la República Dominicana, tal régimen, no escapa a esa realidad, derivando en un fracaso total, cuando ha tratado de resolverla al margen de la revolución anticapitalista.

El capitalismo dominicano auspició y auspicia, en los campos, la más descarnada diferenciación del campesinado. Los campesinos acomodados, dada la propiedad privada de fincas más extensas y feraces, pudieron acumular recursos productivos, en términos de tierras, ganados, tecnologías y dinero; se insertaron en el proceso de acumulación de capital, convirtiéndose, de este modo, en toda una burguesía rural. En cambio, la inmensa mayoría del campesinado, condenada a ser propietaria de pequeños lotes de tierra, no pudo prosperar, constituyendo con el proletariado agrícola el polo de miseria rural.

Al mismo tiempo ha habido una sistemática explotación del campo a cargo de la ciudad, la reducción de la población rural que huye hacia las ciudades, la succión de los mejores trabajadores agrícolas por la industria urbana, la caída estrepitosa de la participación del sector agropecuario en el PIB de la República Dominicana y la penetración incesante de los productos agropecuarios provenientes del capitalismo avanzado, en el mercado nacional, que hace más precaria la subsistencia del pequeño productor.

Aportemos algunas evidencias empíricas. En el período 1936-1960, los obreros y empleados de la industria dominicana, recibieron valores monetarios, por concepto de jornales y sueldos, por un monto de RD$512, 184,816, en cambio, los patronos capitalistas de la industria, recibieron ingresos, por concepto de ventas de sus artículos producidos, en el orden de RD$2, 898, 496,635, es decir, casi 6 veces mayor que la renta obrera.

Ingresos y utilidades, muy elevados en manos de un grupito de patronos capitalistas, por un lado, masa salarial limitada en manos obreras, por el otro lado, configuraron un cuadro adverso al consumo de la población obrera, frenando el bienestar de ésta.

En el lapso 1961-1978, los obreros y empleados de la industria, recibieron valores monetarios, por concepto de jornales y sueldos, por un monto de RD$2, 285, 480,236, en cambio, los patronos capitalistas de la industria, recibieron ingresos, por concepto de ventas de sus artículos producidos, en el orden de RD$15, 924, 825,638, es decir, 6.97 veces mayor que la renta obrera. Hay que aclarar, que este coeficiente fue calculado para una serie histórica de 18 años, mientras que la serie trujillista fue mucho más amplia, 25 años, de modo que en menos años fue acumulado una masa de ingresos mayor, por parte de los patronos capitalistas.

En el lapso 1936-1960, la burguesía industrial le extrajo al proletariado industrial, como plusvalía, un monto de RD$701, 672,532. Si por lo menos una parte de esos 700 millones de pesos, hubiese ido a parar a manos de los obreros, el consumo de éstos hubiese mejorado e igualmente su bienestar. Más ocurrió todo lo contrario. Asimismo del 1961 al 1978 la masa de plusvalía ascendió a RD$3, 899, 290,312, es decir, 5.55 veces mayor a la extraída en la etapa trujillista, y en menos años, operando como un ancla para el consumo obrero.

Del 1961 al 1978, la burguesía les succionó a los trabajadores RD$717, 887,804 por conducto de la inflación, obstruyendo las posibilidades de aumentar su bienestar. En el período 1979-2015, es casi seguro, con la presencia de un capitalismo completamente salvaje, como el neoliberal, que la realidad descrita en el lapso 1936-1978 se ha empeorado.

En más de 100 años de capitalismo, en la República Dominicana, el país no ha podido situarse en la franja de sociedades de capitalismo avanzado; siglos de dominio colonialista, primero, y de dominio imperialista, luego, en colusión con grupos nativos oligárquicos, los han obstruido. Su fracaso es innegable.

¿Qué hacer con el modelo neoliberal?

El documento de las fundaciones Juan Bosch y Sol, en la página 96, versión digital, dice: “De este modo, se hace necesario fomentar un modelo de desarrollo que genere inversión en tecnología para potenciar la producción nacional, entendiendo que la industria es el sector que se caracteriza por generar valor agregado, que es más alto mientras más complejas e innovadoras sean sus actividades”.

El PRP comparte la salida que propone el documento, y en adición sugiere las siguientes precisiones, en el marco de nuestra concepción marxista-leninista:

Primera. Un modelo como el propuesto es correcto en el marco de la revolución democrática, en la que se requiere desarticular las trabas del precapitalismo y del subdesarrollo para que las fuerzas productivas puedan desarrollarse vigorosamente.

Segunda. El modelo propuesto y la revolución democrática no deben ser vistos disociados del modelo económico socialista y de la revolución socialista, por tanto, el esfuerzo obrero deberá dirigirse, como fin estratégico, hacia un contexto socio-económico antítesis del capitalismo, es decir, el socialismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: