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Hablar de lucha con nombre de mujer…

Por Lilliam Oviedo
Periodista dominicana
Reproducido de http://www.lociertosincensura.wordpress.com

“Con tu imagen segura/ con tu pinta muchacha/ pudiste ser modelo/ actriz/ miss paraguay/ carátula/ almanaque/ quién sabe cuántas cosas…”. Pero Soledad Barret, por tener los ojos muy abiertos, se decidió a luchar contra las dictaduras de Suramérica. En 1962, en Uruguay, un comando neonazi le tatuó la esvástica en los muslos por negarse a gritar vivas a Hitler y maldiciones contra Fidel Castro. Con 17 años, reunió firmeza y coraje para hacer lo contrario. En 1973, fue asesinada en Brasil.

Soledad Barret

Soledad Barret

La descripción que en siete versos hace Mario Benedetti, con muy pocos cambios, bien podría aplicarse a la figura de Tania la Guerrillera, la legendaria integrante de la guerrilla encabezada por el Che Guevara, internacionalista convencida que fue abatida en Bolivia el 31 de agosto de 1967.

Con su pinta, bien pudo ser Miss Argentina o utilizar su origen europeo para vender su imagen como carátula o almanaque, pero asumió el compromiso de luchar contra la injusticia.

De Rachel Corrie, estadounidense de nacimiento y auténticamente solidaria, puede decirse algo similar. Asumió de verdad su militancia en el Movimiento de Solidaridad Internacional, y el 16 de marzo del año 2003, 25 días antes de cumplir 24 años, fue asesinada. Murió aplastada por un bulldozer del Ejército de Israel cuando trataba de evitar la demolición de viviendas de familias palestinas.

La jovencita Soledad, la aguerrida Tania y la inspirada Rachel, son símbolos de la lucha contra la injusticia, figuras que imprimen mayor sentido a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Hoy, cuando el poder estadounidense admite haber torturado personas, mantiene una política de asesinatos selectivos, y bombardea zonas pobladas convirtiendo a los civiles de cualquier edad en víctimas para colocarlos bajo la designación de “daños colaterales”, es preciso destacar que muchos íconos de la lucha contra todas las formas de barbarie han tenido nombres femeninos.

Detenidas y violadas

Los nombres de las víctimas no han sido difundidos, pero la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), denunció que cuatro maestras fueron violadas el pasado 24 de febrero por agentes federales. Es una parte del saldo de la represión (sumado a dos muertos y 11 personas desaparecidas) a los docentes que protestan contra la reforma neoliberal que afecta las condiciones laborales en el sector en México.

No es el único reporte en ese sentido. En mayo del año 2006, el portal Indymedia informó que “al menos 30 de 47 mujeres detenidas tras las protestas en la localidad mexicana de San Salvador Atenco, denunciaron haber sido violadas y abusadas por funcionarios policiales y de las fuerzas militares federales”.

La detención arbitraria y la escasa garantía que ofrecen a las personas detenidas los cuerpos policiales al servicio de Estados corruptos y criminales, son prácticas que afectan de manera particular a las mujeres.

La lucha contra las viejas formas de barbarie, incluye el reconocimiento de la situación de las mujeres y el reclamo de que las víctimas de abuso sexual no sean culpabilizadas por sistemas judiciales que exhiben nuevos rostros y siguen aferrados a viejos esquemas.

Si no conocemos las figuras y los nombres de estas víctimas, es porque ellas temen ser estigmatizadas en una sociedad donde el machismo, aunque tenga que suavizar algunos matices, sigue siendo predominante.

Ocurre en México y en otros países. La represión a la lucha por mejores condiciones de vida y de trabajo incluye agresión sexual.

A esta forma de abuso hay que quitarle el velo.

No escapan las “Beldades”

María José Alvarado sí fue Miss Honduras. Vendió poses y sonrisas, pero sin proponérselo, llamó la atención sobre el hecho de que en su país cada 16 horas (promedio) ocurre un feminicidio.

Fue asesinada junto a su hermana Sofía, quien no era Miss Honduras, pero era igualmente bella y joven (19 y 21 años tenían las hermanas).
El principal acusado por el crimen, para aminorar los daños a su imagen, ha declarado que Sofía era una amante a quien él nunca reconoció como pareja a nivel social.

Deleitando a los sectores que forjaron a sus victimarios, estas dos mujeres solo adquirieron la condición de víctimas con nombre.

Es el nombre que no tienen las 117 mujeres asesinadas en República Dominicana entre enero y julio del año pasado, o las madres de dos menores que han sido asesinados por la Policía en la presente semana; pero la condición de víctima, con o sin nombre, no es deseable.

La tolerancia institucional a ciertas formas de abuso, afecta particularmente a las mujeres, y muchas veces es inocultable el saldo.

De desigualdad hablamos

El reporte de la comisión ONU Mujeres, reunida la semana pasada en Chile, es preocupante: “La revisión de los 20 años de la implementación de la Plataforma de Acción de Beijing ha puesto de relieve que el progreso ha sido lento e irregular. Al ritmo de progreso actual, se necesitarán 81 años para lograr la paridad de género en el lugar de trabajo, más de 75 años para alcanzar igual remuneración entre hombres y mujeres por el mismo trabajo realizado; y más de 30 años para lograr el equilibrio entre mujeres y hombres en los puestos de toma de decisión”, reseñan varios diarios.

La lucha contra la desigualdad pasa, pues, por el reconocimiento del sexismo como una forma intolerable de discriminación y como fuente generadora de abuso, de vejaciones y de crímenes.

La paridad de género no es compatible con la sociedad de clases, porque disminuye la acumulación que representa el pago de bajos salarios a un grupo cada vez más numeroso, y porque requiere niveles altos de participación popular para dar respuestas colectivas a problemas que son colectivos.

El nivel de compromiso asumido por mujeres como Rachel Corrie, Soledad Barret y Tania, sigue siendo necesario. Y casos como el de la jovencita Miss Honduras muestran que no por caminar junto a la fiera se evita caer en sus garras.

Es preciso denunciar el sufrimiento de víctimas sin nombre como las abusadas en recintos policiales de México y de otros países. Es preciso desmontar la
maquinaria de represión y abuso que frustra aspiraciones de realización como madres y como trabajadoras.

La construcción de un mundo donde ser mujer no constituya un peligro, es inaplazable compromiso.

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