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La corrupción penetra por todos los poros de la sociedad dominicana

Por Hugo Cedeño

Este poquito de democracia que nos gastamos es el resultado de grandes batallas de nuestro pueblo en las que muchos de sus mejores hijos e hijas ofrendaron su vida, sufrieron largos años de exilio, persecuciones y encarcelamientos.

Lo que queda de ella puede desaparecer por la forma en que la corrupción ha penetrado en el torrente sanguíneo de la sociedad dominicana corroyendo las principales instituciones en que se sustenta.

Hugo Cedeño.

Hugo Cedeño.

Nuestro país, como otras sociedades que llegaron tarde al capitalismo tiene serias dificultades para mantener la democracia burguesa, sobre todo, en lo que a satisfacer las necesidades fundamentales de las amplias mayorías nacionales. O sea, pan, trabajo, tierra, libertad, justicia, soberanía e independencia nacionales.

El pastel nacional que se reparte es cada vez más pequeño debido a la voracidad de los capitalistas criollos y extranjeros. Los primeros recogen las migajas que les dejan los segundos y para colmo se niegan a distribuirlas con el resto de la población.

Y como para repartir queda poco, aparece un mecanismo por fuera de los canales clásicos de acumulación de riqueza, que es utilizada para envilecer a una parte de la sociedad, sobre todo, los que forman parte de los aparatos de estado y del empresariado mafioso. Me refiero a la corrupción legitimada por la vía de la impunidad y acuerdos clandestinos.

Soy de lo que opino que la corrupción es una forma de distribución de una parte de la riqueza nacional por la vía de la mafia y que es de conocimiento social.

Todo el mundo sabe muy bien, quién, dónde y cómo se práctica, pero se silencian. Este es un país muy pequeño en el que todos nos conocemos.

En nuestro país flotan únicamente los casos de corrupción que no se pueden ocultar, pero debajo de la mesa, quedan otros, que al igual que los primeros, van constituyendo células cancerosas que explosionan para distribuirse en todo el tejido social. Ni la terapia combinada, quimio y radio, sirven para extirparlas en el marco del sistema judicial que reina en ese país.

Este mal social no es una actividad exclusiva de tal o cual gobierno. La inmensa mayoría de los que han controlado el poder se apoyan en la corrupción. Sin ésta no logran mantener los resortes del Estado y menos el equilibrio político de los regímenes capitalistas o burocráticos.

Si aceptamos que la corrupción es una forma de apropiarse de la riqueza nacional, pero por la vía ilegal, hay que concluir que los mecanismos que existen para combatirla desde el Estado es un teatro integrado por malos actores.

Instituciones como la Suprema Corte de Justicia solo sirven para acordar impunidad entre los sectores de poder y garantizar el funcionamiento del andamiaje jurídico al servicio de los que controlan los resortes del poder político, económico, militar, policial, ideológico, religioso, cultural, etc.

Mal sería acudir a ellos para llevar a la cárcel a los corruptos, porque son instituciones, creadas, no para someterlos y recuperar lo que se roban, sino para garantizar impunidad mediante múltiples tretas jurídicas.

Por eso, habría que empezar por impulsar un movimiento nacional grande y vigoroso para lograr “Tribunales Independientes”, integrados por personas moralmente intachables, cuya función exclusiva sea enjuiciar a los corruptos por fuera de los mecanismos de Estado.

Creo que la lucha contra la corrupción es correcta y la unidad en su contra por igual, pero no para presionar a los mecanismos jurídicos del Estado, sino para imponer mediante la movilización la creación de “Tribunales Independientes”, ramificados en todo el territorio nacional para enjuiciar públicamente a todos aquellos que hacen de la corrupción un medio de enriquecimiento y a los que la permiten como forma de control social.

A la correcta consigna de “Cárcel y castigo a los corruptos y las corruptas y recuperar lo que se robaron“ habría que agregar que sean enjuiciados públicamente en Tribunales Independientes, creados únicamente para esos fines, cuya resoluciones sean inapelables e irrevocables.

Estos Tribunales Independientes estarían integrados por personalidades de probada vocación moral, escogidos libre y voluntariamente por los ciudadanos de la localidad donde se celebre el juicio, con salario simbólico y con toda la fuerza legal que asigna el poder popular.

Así, terminamos con los juicios reenviados, costosos y trampeados, que parecen circos, en los que los enjuiciados van a exhibir los costosos trajes y sus defensores llevan en la cartera el símbolo monetario que esperan recibir cuando se baje el telón poniendo fin al show.

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