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Toussaint: la lección de una visita en el Fort de Joux

Por Edwin Paraison

Edwin Paraison.

Edwin Paraison.

SANTO DOMINGO. Fuera del debate político sobre la recién estancia en Francia del presidente Michel Martelly, el haber rendido un homenaje a Toussaint Louverture en la cárcel donde murió en Fort de Joux en el año 1803, merece ser analizado en el contexto dominicano.

En América Latina y el Caribe no hay otra relación bilateral marcada con tanta sangre derramada en el tiempo colonial que la haitiano-francesa. Toussaint llegó a considerar la revolución anti esclavista como una venganza de su raza, de siglos de deshumanización, humillación y muertes, del poder colonialista blanco.

Sin embargo, como uno de los estrategas políticos y militares más brillantes del siglo XVIII, se manejó inteligentemente, usando los intereses económicos y rivalidades políticas, entre Inglaterra, España y Francia. Ejecutor, para esta última, del acuerdo de Basilea, fue el gobernador de la isla unificada en 1801.

Su visión y trayectoria inspiradas de los principios de igualdad y libertad de la revolución francesa constituyeron la osamenta del proceso revolucionario que tendría un alcance universal al proclamarse en Haití el fin de la esclavitud negrera.

En mayo del 1802, más de 25,000 soldados fueron enviados por Napoleón para reprimir sus anhelos y restablecer el régimen esclavista, en un episodio sangriento que terminó con el destierro y encarcelamiento en Francia del padre de la revolución haitiana.

Empero, se cumplieron sus palabras famosas, “han arrancado el tronco del árbol de la libertad pero sus raíces son muchas y profundas”. Así, el liderazgo pasó a otras manos, fundamentalmente a Dessalines, quien dirigió la guerra de la independencia con saldo de más de 160,000 muertos, según fuentes históricas sobre las guerras napoleónicas.

Los franceses pagaron un alto costo cuando los esclavos decidieron cambiar radicalmente el orden de las cosas. Se procedió a una matanza de blancos que buscaba allanar completamente el camino de la erección de un nuevo Estado.

El sueño de Toussaint era hacer pasar el negro, del estado de ser una cosa, a vivir dignamente como un ser humano. Al ser alcanzada esa meta, la UNESCO, en 1997, proclamó la fecha del inicio de la revolución antiesclavista haitiana, el 23 de agosto (de 1791), como Día internacional del recuerdo de la trata de negros y de su abolición. También instituyó la medalla Toussaint Louverture.

Quien firma, tuvo el honor de inaugurar junto al Secretario General de la OEA, en marzo del 2010, la sala Toussaint Louverture, en las instalaciones del organismo hemisférico en Washington, Estados Unidos. Asimismo, con autoridades locales el de develar el busto del “primero de los negros” en el parque de América Latina en Quebec, Canadá, en septiembre del 2011.

En esos dos países de América del Norte, fruto de la gesta de Toussaint, sendos negros coincidieron de manera histórica, en las altas funciones estatales. Michaelle Jean, de origen haitiano, Gobernadora del Canadá del 2005 al 2010. Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos desde el 2009.

En República Dominicana, la presencia económicamente rentable de estudiantes universitarios haitianos, ha traído como elemento nuevo en la vida comunitaria la conmemoración de los días patrios dedicados a los héroes de nuestro país.

En ese contexto, la comunidad estudiantil lanzó desde el 2008 “la semana de Toussaint de Louverture”. Es un esfuerzo de dar a conocer más ampliamente las proezas de esa figura enaltecida mundialmente poco o mal conocida en esta sociedad.

Al homenaje en Fort de Joux, la Ministra de los franceses de ultramar, George Pau Langevin, al reconocer su lucha por los derechos humanos, afirmó “Toussaint es una figura que une a Francia y Haití”. Ciertamente. Sirvió a la Metrópoli sin perder la visión de la meta final.

En condiciones un tanto diferentes se podría decir lo mismo de Juan Pablo de Duarte con relación a Haití. Igualmente de Toussaint con relación a la Republica Dominicana. Más que los franceses, tenemos sobrados elementos en común, comenzando por la composición racial, para asumirlo así.

Pero, en esta isla, la revolución parece pendiente de una tarea: la descolonización mental que libere a muchos de las cadenas que los tienen atados al pasado impidiendo que vean la historia en sus aspectos más hermosos para dar paso a una real hermandad entre dominicanos y haitianos.

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