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La perversidad anti-aborto

Zobeyda Cepeda

Zobeyda Cepeda.

Zobeyda Cepeda.

SANTO DOMINGO. Recordando la ley brasileña de vientres libres del año 1821, a través de la cual se reconocían como libres los hijos e hijas de esclavas una vez cumplieran los dieciocho años, el movimiento feminista latinoamericano y del Caribe ha designado el 28 de septiembre como Día Internacional a Favor de la Despenalización del Aborto.

República Dominicana forma parte de un pequeño grupo latinoamericano que lo condena en todas sus formas: Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y Surinam.

Algunos de ellos tienen en común un perverso acuerdo con la iglesia católica confabulando la permanencia u obtención del poder político. Así lo hizo Pinochet en Chile en el 1989. Daniel Ortega, en sus pretensiones de regresar a la presidencia de Nicaragua pactó con la alta jerarquía eclesial de su país aprobar la prohibición total de resultar electo nueva vez.

El poder por el poder ha sido parte de la historia latinoamericana, y por supuesto la nuestra. Las dictaduras vividas centraron su represión en la muerte, persecuciones, torturas, desapariciones o presiones sicológicas hacia quienes luchaban por la democracia y enfrentaban los autoritarismos.

Superada esa época, los mecanismos de permanencia se han trasladado al discurso de la ética, moralidad religiosa y familista que han encontrado en el aborto y los cuerpos de las mujeres su razón de manipulación.

Desde estas lógicas, se mira la mujer que se encuentra en la necesidad de practicarse un aborto como la mala y perversa, incapaz de amar un niño o una niña. “La buena”, opta tenerlo independientemente del dolor que le cause la secuela de la violación, de las circunstancias que la llevan a tomar la decisión, al punto de dejarla morir por no practicarlo.

Desde la misma lógica, se considera a la mujer una incapaz para tomar decisión sobre su vida y su cuerpo. Una veneración absurda de exaltación al sacrificio para ayudar a mantener en el poder a políticos incapaces, sin liderazgo propio, y religiosos sin discurso sustentado en sentido humano.

Aunque en nuestro país el aborto está sancionado desde que fuera promulgado el Código Penal en el 1884, cabe preguntarse su vinculación con el trujillismo ¿Son los actores que hoy se oponen a la despenalización los mismos que apoyaron la dictadura? ¿Despenalizar el aborto a favor de la vida y la salud de la mujer significa romper con esos remanentes?

Tarea para la democracia y para quienes demuestren haberse despojado del miedo, confrontando la perversa oposición a la despenalización del aborto.

La autora es abogada y experta en derechos humanos.

Reproducido de http://www.holapolitica.com

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