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¿ Hacia dónde se dirige Alianza País ?

Por Pedro Payano*

Guillermo Moreno.

Guillermo Moreno.

SANTO DOMINGO. Felicitamos a Alianza País por su campaña para lograr un millón de amigos. Es una buena iniciativa para activar sus bases y la podría colocar definitivamente como el centro hegemónico del movimiento progresista. Siempre hay que tener un norte, un plan, y una acción; de lo contrario, se perece por inercia; ese es el quid de la política. Esperamos que tengan muchos éxitos. Los logros de AP son nuestros también.

Ahora bien, toda meta que queramos alcanzar tiene que ser parte de un objetivo central dentro de una coyuntura política. En nuestro caso, las elecciones para el 2016 constituyen a nuestro entender, el epicentro del accionar de todas las fuerzas políticas, ya sean del gobierno o de la oposición. Por lo tanto, ¿qué persigue AP con esta campaña? Claro que fortalecerse. Pero, ¿con qué fin? ¿Pretende enfrentar por sí sola la maquinaria de la gerencia peledeísta, o posicionarse mejor para ser parte de una coalición opositora? La respuesta a esta última pregunta es esencial para comprender el rumbo que quiere transitar AP. Creemos, que el éxito de esta política dependerá del camino que elija.

No entendemos claramente la propuesta política de AP. Su presidente afirmó recientemente en los E.E.U.U. que ningún sector por sí solo podrá derrotar al PLD. Sin embargo, son tantos los peros negativos que presenta que confunden. Hace 7 meses planteó una Mesa de Diálogo para definir y crear confianza, pero todavía no hemos visto nada en concreto. Ahí está la Convergencia; ¿Por qué no comienzan por ahí? ¿Cuál es el miedo? ¿Temen contaminarse? ¿Hay otra razón? ¿O es simplemente una cortina de humo?

Este partido tiene ahora una nueva campaña que en su definición no está articulada a un proyecto unitario. ¿A quién le creemos? En política, el mensaje no puede ser ambiguo. Se es o no se es.

Si AP quiere un millón de amigos con la intención de caminar sola como el Llanero Solitario, podemos predecirles que la intención es buena, pero los resultados finales podrían ser frustrantes. ¿Qué es lo que nos ha enseñado la historia política dominicana desde finales del Siglo Veinte? Ningún partido emergente ha podido de la noche a la mañana cambiar la correlación de fuerzas y alcanzar el poder. Ni siquiera el PLD: su triunfo en 1996 fue el resultado de una negociación nefasta para el movimiento progresista y para el país. Si se produjera una crisis de gobernabilidad que provocara una nueva situación política, podrían crearse determinadas condiciones para que una organización pequeña pudiera dar un salto cuantitativo; mas, esa posibilidad no la percibimos por el momento.

Si AP lograra recoger la firma de un millón de ciudadanos, no necesariamente expresaría una intención del voto. Cuando se aproximen las elecciones, se producirá un reagrupamiento; esto dependerá de cómo estén posicionadas las fuerzas políticas, y de cuáles son sus posibilidades reales para alcanzar el poder. Esos firmantes, que en su mayoría no tienen conciencia de su papel histórico, podrían inclinarse electoralmente por el partido que esté gobernando o por una convergencia opositora que proyecte la percepción de que será gobierno a partir del 2016.

Los que pretendan caminar solos contra la dirección peledeísta realmente no han comprendido el inmenso poder que ha acumulado esta cúpula partidaria ni el peligro que representa para la democracia dominicana su continuismo en el poder. ¿Será que pecan de ingenuos creyendo que será fácil vencer esa maquinaria política? Aún con toda la oposición partidaria unificada, no será suficiente. Se necesitará algo más. “Es la gran oportunidad de AP para contribuir con ideas y acciones que conduzcan a la Convergencia por el camino que más le convenga al país”.

La coalición opositora de partidos y movimientos sociales llamada Convergencia por un Mejor País, es tan sólo un paso inicial. Su gran desafío será convencer a la mayoría de los ciudadanos, incluyendo a los que han perdido la fe en el sistema político, de que representa algo nuevo, que no es más de lo mismo. Que la decisión tomada no es simplemente para cambiar un presidente por otro y continuar el círculo vicioso a lo cual nos tienen acostumbrados los tres partidos que han controlado el Estado en los últimos 50 años. Que los firmantes del acuerdo común asumirán el compromiso de luchar por la democratización del país y se comprometerán a crear un gobierno de transición que desde el primer día ponga en ejecución un programa mínimo y, concomitantemente dé los pasos para la convocatoria de una constituyente.

Esta coalición tendrá que ponerse desde ya al frente de las luchas sociales y políticas. Contribuir al empoderamiento de la ciudadanía para que en ese proceso converjan todos y todas, constituyendo como resultado una nueva mayoría.
Si la dirección peledeísta se quedara en el poder después del 2016, eso significaría que consolidaría su continuismo por 20 años, y quién sabe cuántos más.

En el 2016 habrá elecciones congresuales y presidenciales. Si la oposición no logra una unidad monolítica, la dirección peledeísta podría quedarse también con el control del congreso. Eso significa que la unidad opositora es obligatoria en esas dos instancias; no es posible en una sola, al menos que sea con un movimiento municipal.

Algunos están soñando con una coalición congresual, no presidencial, porque apuestan a una segunda vuelta. Esta percepción errónea podría contribuir con el triunfo de la dirección peledeísta. Ese es un camino peligroso que la oposición democrática no debería transitar. Hay que trabajar para ganar la primera vuelta, y no al revés.

Alianza País tiene una alternativa: Salir fortalecida enfocando su campaña del millón de amigos como proceso de articulación con la coalición opositora y sus objetivos. Es la gran oportunidad de AP para contribuir con ideas y acciones que conduzcan a la Convergencia por el camino que más le convenga al país. Ahora bien, si prefiere seguir un camino quijotesco contra el PLD, siguiendo la vieja política de “diferenciación de fuerzas” de los años 70 y principios de los 80 como algunos de sus dirigentes han expresado, no le auguramos buenos resultados.

En la presente coyuntura política, nadie de la oposición democrática debería estar inventando molinos de viento para ver gigantes, utilizando como pretextos para la unidad, purismos ideológicos y morales que nada tienen que ver con la ciencia del poder. La dirección peledeísta la utilizó por muchos años y finalmente, ¿dónde llegaron?

Muchos analistas políticos han predicho que como resultado de la polarización para el 2016, los partidos pequeños que participen de manera independiente tendrán escasas posibilidades. En ese sentido, AP no puede arriesgarse a no lograr una posición electa ni sacar menos de un dos por ciento dos veces seguidas porque perdería su franquicia para siempre. Y eso podría suceder si decidiera caminar sola.

Entendemos las preocupaciones y dudas de muchos aliancistas sobre la conformación de la Convergencia. También nosotros las tenemos. Son legítimas. Sin embargo, eso no puede ser un obstáculo para perder de vista el enfoque del objetivo principal. Sobre todo, que la oportunidad política que se le presenta al movimiento progresista en la Convergencia es ilimitada. Los límites se los pondrán ustedes mismos. El camino al éxito está lleno de riesgos, pero no debemos temer, porque la acción siempre cura el miedo.

*El autor es educador y politólogo: maestro de historia estadounidense, jefe de campaña y asesor político, ha escrito columnas para diversos semanarios de Massachusetts.

Publicado en http://nuestrotiempo.rapcanal.com

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